En Therabeyl el poder no siempre se ve
Mientras el pueblo cree conocer a quienes les gobiernan, por encima de ellos, hay estructuras que operan desde las sombras. Estos grupos mueven los hilos sin que nadie se percate de su poder y llevan siglos decidiendo qué se sabe, qué se permite y qué desaparece.
La mayoría sabe quienes son los señores de su ciudad, o su rey. Todos conocen a los Aljaridians que controlan la magia que se usa a diario. Y muchos conocen a los maestros de la magia que deciden que hechizos se enseñan o no.
Pero muy pocos saben que hay algo por encima de todo eso. Algo que controla cada cosa que ocurre en Therabeyl.

La orden de los Escribas
Para la mayoría de Therabeyl, solo son copistas. Gente discreta a la que les encargan reproducir textos, que trabajan en silencio y que cobran poco. Nadie les presta demasiada atención. Nadie los teme. Y eso es justo lo que ellos quieren.
Antes de la guerra civil que destruyó Ninguém’Rra, los Escribas eran la institución más poderosa de Therabeyl. Todo tipo de conocimiento pasaba por ellos y eran quienes decidían qué se escribía, qué se conservaba y qué merecía desaparecer en el olvido. Quienes controlan la información controlan todo lo demás.
Cuando estalló la guerra y el mundo conocido empezó a cambiar, decidieron desaparecer. Nadie los venció, nadie los persiguió, nadie preguntó por ellos. Se ocultaron en las sombras y crearon una orden encargada de proteger lo más peligroso que había existido nunca: el grimorio de Scyndel. A este grupo lo llamaron los Custodios.
Lo que ocurrió después con esta nueva orden es otra historia. Lo realmente importante es que los Escribas siguen ahí, copiando textos, seleccionando información y filtrando el conocimiento. Recordando lo que nadie más recuerda.

La orden Aljaridian
Todo Therabeyl los conoce y los teme. Sus túnicas rojas y sus máscaras blancas son el terror de cada reino. Cuando ellos aparecen, algo malo va a pasar.
Su tarea es velar por la esencia mágica, por un uso responsable de ella y hacer respetar las reglas impuestas. Además, son los encargados de que cierto tipo de magia no se practique, ni se mencione, ni se recuerde. Su método es simple: rastrean, capturan, eliminan. Sin juicios, sin misericordia, sin excepciones.
Lo que muy pocos saben es que, en sus orígenes, no eran así. Los primeros Aljaridians fueron creados por los Custodios para proteger lo que hoy se dedican a perseguir. En algún momento su misión cambió, o quizás fueron ellos quienes lo hicieron.
Su Gran Maestre no rinde cuentas ante nadie y ninguna corona tiene poder sobre ellos. Operan por encima de la ley porque ellos son la ley.
O eso creen.

Los maestros de magos
No gobiernan, no dictan leyes y no tienen ejercito. Aun así, ni reyes ni reinas toman decisiones sin consultarles primero.
Ellos son la cúspide del conocimiento mágico en Therabeyl. Ya sean tejedores, elementales o talladores, viven y existen para perfeccionar su arte, mejorar sus dones y formar a los magos de cada reino. Ellos investigan y descubren nuevas formas de usar la esencia, deciden que hechizos se enseñan en las academias y encuentran la mejor manera de reducir sus costes.
Hay quien dice que su poder es la magia, pero en realidad es el conocimiento. Y en Therabeyl, el conocimiento siempre ha sido más poderoso que cualquier ejército.

La corona
El poder del pueblo, el más visible y el más frágil.
El pueblo los adora y los teme a partes iguales, para ellos son quienes mandan, pero nada más lejos de la realidad. Mientras reyes y reinas se sientan en el trono y sujetan su corona, han de permanecer atentos a las órdenes que les susurran al oído. Y si en algún momento se les pasa por la cabeza no escucharlas, son eliminados.
Saben que los Aljaridians campan a sus anchas en sus reinos sin poder poner objeción alguna. Saben que los maestros de magos hacen y deshacen sin pedirles explicaciones. Saben que la corona es solo un símbolo y que ellos son simples marionetas de los que mandan realmente.
Lo que no saben es que, desde las sombras, hay quien maneja los hilos de todos ellos.
