
Hace mucho que la dieron por muerta. Desearía haberlo estado de saber a lo que sería obligada.
Jezabel P’Haennet nació con dos cosas que el mundo castiga: la magia de sangre corriendo por sus venas y la responsabilidad de proteger un secreto que no eligió. Como primogénita de un Custodio, heredó una misión incluso antes de entender qué significaba. Aprendió a cargar con ella de la misma manera que sus antepasados: en silencio y a escondidas.
Es una mujer que se deja guiar por su bondad, aunque el mundo que le rodea cada vez le da menos razones para hacerlo. Ha llegado a amar con la misma intensidad con la que protege su secreto y es capaz de lo impensable por cuidar a los suyos. Pero decidió creer en quien no debía, con los ojos cerrados. Por eso ahora está encadenada en una mazmorra, usada como un perro de caza y obligada a rastrear a los suyos para que los Aljaridians acaben con ellos.
«Aprendí a ocultar mi sangre, a esconder el poder que tiene y a evitar que pudieran reconocerme. Y confié en quien no debía. Ahora me obligan a usar esa habilidad en contra de mi voluntad. Me obligan a cazar a mis propios hermanos y me torturan con ello. Me creen rota. Prefiero que sigan creyéndolo porque así protejo a las pocas personas que me quedan.»
Jezabel P’Haennet. La sangre de los Custodios.
Historias donde aparece y su rol:
- La sangre de los Custodios.
- No tiene voz propia en la novela. Su personaje es un desencadenante de decisiones y de recuerdos rotos y enterrados.
