Yan

Creció creyendo saber su historia. Nunca pensó que se la habían contado a medias.

Lleva toda su corta vida siendo el hijo de Joham, el hijo del Guarda Real. El único joven que se prepara para ser soldado sin haber tocado una espada. Él y su bastón son uno en combate, aunque no sea el arma de un guerrero. Ni un elegido, ni un héroe. Pero ha empezado a notar que algo en él es distinto a los demás.

Nunca ha practicado la magia pero le sale de manera demasiado natural. Y cuando le prohíben usarla, las preguntas que había aprendido a no hacer comienzan a ser respondidas por otros. ¿Quién es su madre? ¿Quién es su padre? ¿Por qué Joham lleva décadas protegiéndole de algo que solo había escuchado en historias y leyendas? ¿Y por qué su sangre lo convierte en la única persona capaz de detener lo que va a ocurrir?

«No entiendo por qué tiene tanto miedo, es solo esencia. La usan todos, desde campesinos o pescadores al mismísimo rey. Es lo más normal de este reino, pero si la uso yo, parece que vaya a destruir algo, o a mí mismo. ¿Por qué no me deja aprender a controlarla? ¿Qué tiene de malo que quiera explotar algo que se me da bien? Y lo peor es que ni siquiera me lo explica. Dice que no y se acaba la conversación. Como si fuera un crio. Como si no pudiera entenderlo.»

Yan Wildgrate. La sangre de los Custodios.

Historias donde aparece y su rol:

  • La sangre de los Custodios.
    • Uno de los seis puntos de vista de la novela. Un muchacho que ve su mundo tambalearse cuando todas las verdades de su vida se convierten en mentiras. Pero es decisivo para el bienestar de Therabeyl, aunque no lo sepa.